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He dejado un poco la metáfora por la narración. Desde que empecé a vivir la literatura, mi idea nunca dejó de estar enfocada en llegar a escribir libros, como muchos de los que están leyendo este post, así como empezaron los grandes escritores, todos con esas ganas de descargar ideas y sentimientos, no por una cuestión comercial sino como una catarsis de la que nos queremos liberar. Porque como todo ser humano, minúsculo pero único, soy un testimonio del universo, una posibilidad mágica de existencia, y todo lo que existe alrededor me ha producido tantas sensaciones, por las que surgieron estas ganas de escribir, para contar cómo lo vi, cómo lo interpreté y lo viví, cómo lo imaginé, cómo crecí en ese conjunto de realidades internas y externas, con sus colores y sus grises.

Es por eso que dejé un poco la computadora -que entretiene con todas sus posibilidades- y opté por coger un cuaderno y un lapicero y  descargar mis ideas y mis sentimientos, desordenados, inconclusos, inmaduros muchos, realizados otros. Es en esta tarea en la que ando ocupado en mi tiempo libre, en libertad absoluta, dentro de estas cuatro paredes donde mi esencia se expresa, donde disfruto de mis pensamientos, de los que me llegan a través de esos otros humanos que optaron por escribir y nosotros los recibimos como gustosas conversaciones en las que respondemos, debatimos, o aprobamos y felicitamos. Y ahora escribo ahí, en esos cuadernos cuadriculados de tapa roja. Por eso mi pequeño abandono a publicar en el blog.

Es cierto que no posteo con regularidad, y que incluso, como dije en Vacaciones de Novela, no he cumplido con hacer los argumentos de los libros que he estado leyendo en este tiempo. Pero en mi cuenta de Google+ he estado publicando párrafos de libros -los que despertaron respuestas en mi- el título y autor, y quizá un pequeño comentario. Eso creo es más fácil para compartir con la gente que lee Las arterias cursivas. Espero que surjan momentos para publicar algún poema o artículo o pequeña prosa, y sobretodo, que pronto concluya una novela en la que ando metido. Ya comentaré sobre eso más adelante. Gracias y bienvenidos nuevamente.

Cayo.

Vacaciones de novela

Publicado: marzo 2, 2011 en Personales
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Se acabaron las vacaciones, para mí, no sé cuándo empezaron, pero me han dejado muchas satisfacciones, grandes enseñanzas que me llenan de fuego y vitalidad. Algunos libros me han acompañado en este tiempo, han viajado conmigo en buses interprovinciales, las hojas de alguno se han refrescado en la brisa de una cascada en la selva, otros me han acompañado a casa saliendo del trabajo, han sido mi remedio al insomnio nocturno, han caminado, se han sentado, y con gran amabilidad, me han llenado la mente de ideas, me han dejado el pensamiento y sentimiento de otras personas, han contribuido en mi comprensión de la naturaleza humana, y seguirán ahí, como un gran apoyo.

Ahora bien, hay una costumbre que he dejado, pero que la retomaré con el ánimo de compartir las ideas recibidas, que es postear sobre las obras que me llegan y bosquejar resúmenes de su contenido. Estos libros, según el orden de su lectura son:

–          Demian, de Herman Hesse (novela).

–          Contra viento y marea, de Mario Vargas Llosa (artículos y ensayos).

–          La Colmena, de Camilo José Cela (novela).

–          El vuelo de la reina, de Tomás Eloy Martínez (novela).

–          El siglo de las luces, de Alejo Carpentier (novela), y

–          Redoble por Rancas, de Manuel Scorza (novela).

Cada post irá apareciendo según se manifieste la oportunidad. Expondré mi criterio para resumir lo que destaque y haré algún comentario sobre el aprendizaje personal que me ha dejado cada libro mencionado. Cada uno tiene su percepción acerca de un libro, espero no incomodar a nadie con la mía.

Bueno, espero todos sigan soñando, sigan imaginando y convirtiendo en realidad sus arcanos. Que la literatura los acompañe siempre, sigamos leyendo mucho y les deseo buena vibra. Punto aparte.

Estoy sentado en una roca, rememorando los días pasados, viendo mis huellas en el suelo, en ese suelo donde está registrada toda mi vida. Mi corazón se enturbia, se entristece, ¿sólo mis huellas?, me pregunto, ¿en qué momento solté su mano? Medio sonámbulo y embriagado por su perfume, corrí siguiendo mis huellas para ver en qué momento nos separamos. Corrí como un sediento queriendo encontrar una corriente de río, corrí como un niño perdido en un laberinto urbano que busca a su mamá, corrí desenfrenadamente y con angustia, siguiendo mis rastros; sin reconocer la distancia ni el tiempo, vi que ahí estaba Ella, la que calma la sed de mi alma, la que sin preverlo ni esperarlo –ni yo tampoco- lo alivia todo. También estaba sobre una roca, la encontré inmóvil, con los ojos cerrados, parecía dormida, inerte, como si las inclemencias del clima no le causaran ninguna reacción así haya sol o lluvia; pero su piel tenía un color vivo, se notaba que la sangre le corría por todo el cuerpo. Yo sabía que internamente su mente estaba funcionando en ese momento, como si fuese una galaxia activa en todo momento, sabía que era como un volcán que en cualquier momento despertaría echando fuego, a pesar de que su rostro ni se inmutaba.

Yo la miraba atentamente, absorto, entre complacido y confundido. Levantaba mi cabeza para ver las huellas anteriores a la roca donde la encontré sentada, y vi que en el camino dejado había seis huellas firmes, las de ambos y -fue fácil darme cuenta de quién- otras dos. Él también nos había acompañado hasta ese momento.

Pero no me sentía tranquilo, ¿por qué se detuvo?, ¿por qué luego me encontraba caminando solo? No la quise despertar pero tampoco quería seguir mi camino solo, por eso me senté junto a ella en la gran roca y me quedé un poco desconcertado y conmovido.

Quizá pasaron semanas enteras, quizá años o quizá solo unos cuantos días –el tiempo es efímero para contabilizarlo- pero ella permanecía igual. Para que mi organismo deje de sentir hambre y sed, mi cuerpo se hizo sólido como una roca. Permanecí sentado con las piernas cruzadas por buen tiempo, a veces cerraba los ojos y la imaginación me llevaba lejos (como sucede cada vez que cierro los ojos), y cuando volvía a la realidad no reconocía nada, pero de noche, cuando veía las estrellas, me percataba que Orión estaba más cerca a nosotros. En algún momento, luego de viajar por mi mente, cuando desperté, vi que la roca sobre la que estábamos sentados, se había convertido en un gran elefante que avanzaba hacia el horizonte.

Cada vez entendía menos y mi curiosidad aumentaba imperiosamente, hasta que una noche cuando me encontraba en una conexión muy real con la naturaleza, como fusionado a sus elementos- esos instantes en que sentía al viento ingresar a mis pulmones soplando mis narices, cuando sentía que la tierra se posada y asentaba en mi estómago y que mi cabeza ardía como antorcha de fuego, como un incendio en la copa de un árbol;  vi a la Gran Luna Llena y Ella se conectó conmigo, entró por mis pupilas y llenó con su resplandor todo mi cuerpo pálido, y mientras veía como la piel me brillaba, la Luna Llena me hablaba desde el orificio inferior del ventrículo izquierdo -conociendo todo lo que Yo albergaba, incluso lo que Yo mismo no conocía- y viendo mi angustia y mi necesidad de entendimiento, me dijo: “Haces bien, – cuando la Luna hablaba destellaban relámpagos en el cielo – haces bien en esperarla, porque es una forma de estar avanzando, JAH guía al elefante porque el tiempo no se detiene, pero mantén paciencia y déjate llevar, así como Elías se dejó llevar por un jamelgo en el pasado”. En ese momento se me caían las lágrimas, sin tener necesidad de llorar, sino como agradecimiento, porque no me sentía merecedor de ser testigo de la gran voz de la Luna Llena. Mi piel brillaba, sentía un fuego interno que no me quemaba, sentía un ciclón en el vientre, mis células coreaban como una sinfónica unísona y un huracán de gratitud envolvía todo mi cuerpo. Justo cuando pensaba expresarle todas mis inquietudes, pedirle consejo o explicación sobre lo que sentía, La Luna se adelantó a ese segundo previo antes de verbalizar mis ideas y continuó diciendo: ¿Has contado el número de tus días?, ¿Acaso sabes cuántos más hacen falta para cumplir tus propósitos? ¿De qué te preocupas si este recién es el Comienzo? Escucha tus latidos y no temas, hijo, hermano y compañero mío.

Nunca terminé de entender lo que me dijo, nunca supe quién era Elías, ni tampoco comprendí todo lo que me había dicho, pero sentí (aún sin comprender) que sus palabras eran sabias. Respiré hondamente, suavemente, como en el Principio, y me dejé llevar por el gran elefante de granito. Sentí mis latidos pausados, sentí individualmente y por separado el uno dos de los latidos, comprendí que ambos sumaban uno. Decidí esperar a Ella, viendo su rostro límpido, sintiendo lo que sentí al Principio, como si volviera a empezar cada día, volviendo a empezar con cada latido, y la paz y la paciencia ordenaban mis pensamientos, fluían en mi ser.

No tengo noción del tiempo, no sé cuántos días faltan para cumplir mi propósito, aún no sé cuál es realmente mi propósito y ni siquiera me conozco realmente, pero sé que esto recién empieza, lo vivo así y me siento así, como una semilla cuando brota en tierra fértil y siente el calor de los primeros rayos del sol. Esta es la naturaleza en la que vivimos y de la que somos parte, ya no hay confusión. La veo y me calmo. Todo empieza de nuevo. Punto Seguido.

Cantando de noche

Publicado: diciembre 29, 2010 en Personales, Poemas
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La llegada de la noche no es casualidad, intervino el día en su venida,
Y es una sucesión infinita y eterna que da razón a la vida.
La naturaleza espera el momento indicado para fabricar milagros,
De noche, escucha a los sueños y hace florecer los deseos.

Cuando todos estaban dormidos, se produjo una hermosa manifestación:
Las estrellas entraron por mi ventana, y se posaron en mis dedos,
Porque mi corazón quería versar al ritmo de latidos acriollados.
¡La Luna me daba aliento, y un gallo cantor, de noche,  despertó mi poesía!

El universo preparó este instante, vida tras vida, para alimentar el presente
Le consulté a los cielos, y a los cielos de los cielos, sobre estos sentimientos, y
Me elevaron sutilmente a una nube, despertando sensaciones agradables, y
Me dijeron: “Si tu corazón siente lo mismo a su lado, Sonríe, una semilla ha brotado”.

Poetas y filósofos hicieron que La Luna y El Sol se miren a los ojos, mágica naturaleza,
Y le consulté a los mares, a los ríos y cascadas, sobre estos pensamientos, y
Convertiéndome en delfín dancé feliz en las honduras, y reflexioné en caudales amazónicos,
“Si tu cuerpo vibra de emoción como ahora, respira y medita, y coge su mano”, dijeron.

Y en cada meditación que compartimos juntos, nos fuimos reconociendo en silencio
Para estar seguro de mi sentir, también consulté a la Tierra,
Me hizo probar el fruto más delicioso, que disfruté como la primera copa de vino.
¡No te confundas, escuchaste en ti, sus latidos, y viste a la Luna en sus ojos, díselo!

Emocionado por esas palabras, anduve meditando las manifestaciones previas, y
Descubrí que, abría mis ojos, y ahí estaba; cerraba mis ojos y ella me abrazaba.
Todo lo bueno convive en su sonrisa: nobleza, inteligencia, paz, cariño e infinito amor.
Con una llave maestra, con música, La Luna abrió mi corazón, y conmigo se encontró.

Olvidándonos de la barrera del espacio y el tiempo, el universo se simplificaba en nosotros
Y en el momento más cálido, por fin pude sentir, y de modo natural, versar lo siguiente:

Princesa Luna,
“Me dejo llevar por el momento, por el viento…
escucho mis latidos, naturales, y expreso el fuego que llevo adentro,
y no puedo disimular, no puedo fingir,
canto, canto con el corazón, canto para tí,
y bueno, mira mis ojos, no tengo más que decir…”

Luego de un breve silencio, cuando solo escuchaba sus latidos y los míos,
Me dio un beso perfumado  en la frente, y pronunciando bellas palabras,
Dejamos que sean los días y las noches, los que alimenten el fuego aloque
Dejamos a Dios, ser el guía de nuestros destinos, el impulsor de los sueños,
de las manifestaciones vespertinas y las meditaciones tempranas.

 

Punto seguido, Princesa.

Caminando con la Luna

Publicado: diciembre 22, 2010 en Personales, Prosa
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Mis pasos me han llevado lejos muy lejos, a un lugar bello, donde el tiempo pasa lento muy lento. La paciencia aquí está presente en el cielo y en la tierra, donde las nubes avanzan discretamente dibujando formas, donde los ríos no tienen apuro de avanzar, y donde las aves esperan sentadas  su comida.

Aquí me has traído, para deleite de mi alma. En este lugar respiro tranquilo. Nyahbinghi entra por mis narices y copa todos mis sentidos, llenándolos de energía viva.  Y entonando música, mis latidos suenan agradecidos por limpiar mi alma  y donarle paz a mi existencia.

Me has traído en un momento especial, para que mi alma goce de ver la plenitud de la Luna, que se sonrojó ante el Sol, Alfa y Omega, que llenó de versos mi corazón por esa mística. Y has hecho descender a la Luna. La ví en sus ojos, y me ví en sus ojos, y acompañado de la magia de su luz, siento que aprendo de mí en sus palabras.

Ahora que mis pasos vuelven junto al mar, esperaré pacientemente volver a ver a la Luna, para seguir aprendiendo de ella, con ella, en el momento que JAH disponga. Seguiré agradecido por todas las maravillas de la vida, que me llenan de Fuego. Seguiré viendo el cielo, a ver si me das nuevas señales que me hagan estar cerca a ti, JAH, que tu presencia me da Vida.

Punto Aparte.

Complementarios

Publicado: octubre 24, 2010 en Artículos, Personales, Prosa
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No existe parangón entre el día y la noche. La luz del sol nos regala una maravilla incalculable, hace brillar los ojos, calienta el corazón y despierta la mente. La luna va de la mano del silencio, de las estrellas y los sueños, esos que se pasean por el universo, en forma de pacientes latidos, sin música pero con ritmo. Pero día y noche van de la mano, para formar las estaciones, los eclipses, para bailar en círculos, y así, ser parte integral de la creación.

Son como la razón y la pasión; cuando abres los ojos todo se racionaliza, todo es revelado, la luz y los colores, las formas, las partes y el todo, hasta la sangre; cuando cierras los ojos, se abren las puertas hacia otras dimensiones, sin barreras, sin tiempo ni espacio, no hay leyes, no hay gravedad, solo pensamientos, limpios y turbios, dominados por los deseos más profundos.

Son como el hombre y la mujer, con diferentes características, cromosomas, genes y funciones, son distintos sí, pero complementarios. ¿Quién puede vivir sin ese complemento? Así el sol añora a la luna, así la razón necesita del deseo, y ese mundo subjetivo requiere una realidad que lo motive.

Todo está concebido para que nada falte y para que nada sobre, está matemáticamente sistematizado, organizado. De la semilla del manzano no crecen naranjos, las estrellas no se visualizan de día, los animales siguen su naturaleza, pero el ser humano goza de libertad, está en medio de todo, puede soñar despierto, puede dormir de día y trabajar de noche, puede calcular y comprobar las leyes de la naturaleza, puede imaginar y desarrollar cosas muy creativas, sin embargo muchas veces no logra entender los propósitos que lo llevaron a gobernar la tierra, y el porqué de esa capacidad de libertad de pensamiento. Tiene como antecedentes al tiempo, la historia le provee gran cantidad de información, lo que dicen los sabios en sus poemas, los profetas en sus elegías, los niños en su sonrisa. Pero no satisface sus dudas ni sus necesidades, no se dedica a vivir en paz con todo lo que lo rodea. ¿Hasta cuándo?

Dejemos de preocuparnos, el sol estará ahí todos los días, y la luna estará todas las noches. Siempre habrá ruidos y siempre silencio, siempre dudas y respuestas. Los intentos del hombre no quebrarán las leyes del Más Elevado. Por eso vivamos felices, respetando la naturaleza, la que no ofende, la que no adultera. Trabajemos por nuestros ideales, siguiendo ese propósito de bien, del bien sobre el mal. Cada uno desde su posición, construir lo bueno y quemar lo malo con amor y luz. Dios los bendiga. Punto aparte.

 

FUENTE: http://cayoinsider.blogspot.com/2010/07/complementarios.html

De tu indiferencia aprendí a ser más atento.
Por tu terquedad ahora soy más paciente.
Reniega si quieres, pero tú me has enseñado.

Aprendí también de tu ego a ser más sencillo.
Y de tu inmadurez, a ser un poco más prudente.
Laméntate si quieres, pero tú me has enseñado.

Y cada vez que llegabas tarde, una costumbre para mí fue la puntualidad
Te gustaba humillar a la gente, y yo aprendí a respetarlos.
Llora si quieres, pero tú me has enseñado.

Ahora déjame enseñarte todo lo que aprendí de ti.
Será un reconocimiento por tu mal comportamiento.
Reniega, laméntate y llora si quieres, que a amar me has enseñado.

Punto aparte.