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Cantando de noche

Publicado: diciembre 29, 2010 en Personales, Poemas
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La llegada de la noche no es casualidad, intervino el día en su venida,
Y es una sucesión infinita y eterna que da razón a la vida.
La naturaleza espera el momento indicado para fabricar milagros,
De noche, escucha a los sueños y hace florecer los deseos.

Cuando todos estaban dormidos, se produjo una hermosa manifestación:
Las estrellas entraron por mi ventana, y se posaron en mis dedos,
Porque mi corazón quería versar al ritmo de latidos acriollados.
¡La Luna me daba aliento, y un gallo cantor, de noche,  despertó mi poesía!

El universo preparó este instante, vida tras vida, para alimentar el presente
Le consulté a los cielos, y a los cielos de los cielos, sobre estos sentimientos, y
Me elevaron sutilmente a una nube, despertando sensaciones agradables, y
Me dijeron: “Si tu corazón siente lo mismo a su lado, Sonríe, una semilla ha brotado”.

Poetas y filósofos hicieron que La Luna y El Sol se miren a los ojos, mágica naturaleza,
Y le consulté a los mares, a los ríos y cascadas, sobre estos pensamientos, y
Convertiéndome en delfín dancé feliz en las honduras, y reflexioné en caudales amazónicos,
“Si tu cuerpo vibra de emoción como ahora, respira y medita, y coge su mano”, dijeron.

Y en cada meditación que compartimos juntos, nos fuimos reconociendo en silencio
Para estar seguro de mi sentir, también consulté a la Tierra,
Me hizo probar el fruto más delicioso, que disfruté como la primera copa de vino.
¡No te confundas, escuchaste en ti, sus latidos, y viste a la Luna en sus ojos, díselo!

Emocionado por esas palabras, anduve meditando las manifestaciones previas, y
Descubrí que, abría mis ojos, y ahí estaba; cerraba mis ojos y ella me abrazaba.
Todo lo bueno convive en su sonrisa: nobleza, inteligencia, paz, cariño e infinito amor.
Con una llave maestra, con música, La Luna abrió mi corazón, y conmigo se encontró.

Olvidándonos de la barrera del espacio y el tiempo, el universo se simplificaba en nosotros
Y en el momento más cálido, por fin pude sentir, y de modo natural, versar lo siguiente:

Princesa Luna,
“Me dejo llevar por el momento, por el viento…
escucho mis latidos, naturales, y expreso el fuego que llevo adentro,
y no puedo disimular, no puedo fingir,
canto, canto con el corazón, canto para tí,
y bueno, mira mis ojos, no tengo más que decir…”

Luego de un breve silencio, cuando solo escuchaba sus latidos y los míos,
Me dio un beso perfumado  en la frente, y pronunciando bellas palabras,
Dejamos que sean los días y las noches, los que alimenten el fuego aloque
Dejamos a Dios, ser el guía de nuestros destinos, el impulsor de los sueños,
de las manifestaciones vespertinas y las meditaciones tempranas.

 

Punto seguido, Princesa.

Mágica paciencia

Publicado: septiembre 8, 2010 en Personales, Poemas
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Descuida, descuida, no temas al sonido de tu corazón. Escúchalo, él no miente, cuando se enamora reproduce melodías armoniosas, te hace bailar por nubes que surgieron de una taza de café. Ayer le envié un mensaje secreto, un deseo compartido que busca complicidad del tiempo, pero me aseguré que llegue codificado bajo dos latidos más fuertes, más contundentes y certeros, como eco de campanas, ¿Los sentiste? Lo sé, pero aún no lo entiendes. Para comprender este mensaje, debes romper la barrera que separa a la realidad de los sueños, volar por el cielo, creer que es cierto. No será difícil, solo tienes que volver al principio, tienes que observar a los niños y recordar que el tiempo es eterno, reconocer que el alma no envejece pero crece, ¿Lo entiendes? Por eso no te precipites porque no hay apuros en este camino, no quiero correr, quiero caminar a tu lado,  y dibujar tu sonrisa discreta, y colorear tus momentos de tristeza. Nos sentaremos pacientemente, esperando a que otoño se lleve las incertidumbres por las profundidades del mar, lejos del alcance del tiempo, donde mora el silencio. No te precipites, acompáñame en el camino hacia mis sueños, donde se paraliza el tiempo, y solo se escucha el sonido de nuestros latidos, ahí estaremos bajo un nogal, aprendiendo de los ojos de la luna, de las estrellas, y caeré cautivo ante la hermosa inocencia de tu mirada. Descuida, descuida, aún tenemos mucho tiempo, no te precipites. Punto aparte.

Ojos de luna

Publicado: septiembre 7, 2010 en Personales, Poemas
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Qué difícil es seguir así, mirándote a los ojos
Mientras tu mirada no atiende a mis deseos.
Me quedo mudo cuando estoy cerca de ti
Y el olor de tu cabello participa de tu ego.
Todavía estás aquí, sonriendo alegremente
Y mi corazón inquieto se desprende hacia el viento.
Todavía hay una distancia que debo comprender
Pero mis pasos se apresuran ha escuchar a tus latidos.
Mis pensamientos me acercaron a tu vida
Pero tu vida no guarda relación con lo que pienso.
Es contradecir toda lógica, como desentonar la melodía
Es apagar el fuego en invierno, rechazar el alimento.

 

Siempre escucho a los lobos que te aúllan al oído.
Yo soy león que ruge, al que se le enreda la melena
Mi canto lleva la fuerza de mi corazón y sus latidos.
Tus ojos son la luz que me ilumina, eres tú la luna llena.

Teñida de rojo la conocí, mientras caminaba abrazado a mis raíces, emocionado por descubrir un camino distinto, ahí estaba ella. Su mirada coqueta me llamaba y yo correspondía. Nos olvidamos del tiempo, nos olvidamos de formalidades y del mundo. Fui a ella como un león, no quería lastimarla y mis garras la abrazaron suavemente. Bailamos juntos toda la noche, en un salón sin música ni ritmo, esa madrugada de abril me enseñó que solo bastaba permanecer callados, sin habla. Me miraba fijamente, y en ese momento desaparecimos nosotros o desaparecieron ellos, pero ella no dejaba de mirarme. Mi piel la acariciaba, mientras las aves cantaban. El alba nos saludaba, y nuestros corazones se entrelazaban; funcionando por emoción nuestros pies dibujaban constelaciones estelares y la música matutina suavizaba mis latidos. Hermoso silencio, qué lástima que no te quedes, cuando cruces la puerta no habrá más compañía que la gente desaparecida.
Quiero que la lluvia amarilla descienda, quiero que el verde pasto me caliente. ¿Dónde estás princesa de rojo? Te olvidaste de mostrarme el camino, ahora los pedregales forman murallas más altas que el Machu Picchu. Si tan solo el silencio me hablara y me mostrara el camino, no estaría mareado, subiendo y bajando, corriendo para que se me quite la sed, no estaría construyendo agujeros blancos. Ni las matemáticas me sirven. ¿Dónde estás?
Hace tres mil años no había reggae, hace mil quinientos meses Internet no jugaba con mis dedos, tampoco veinte días antes te conocía, pero desde siempre el corazón ha latido y cantado, su comunicación no tiene frecuencia ni historia. Gracias a los colores sé que el frío quema, y los peces ya no nadarán sobre el fuego porque en la naturaleza rugen leones. Mi corazón te canta y te clama, y siento que el tiempo nuevamente desaparece, ahí estás nuevamente bailando sobre las llanuras de Etiopía, descalza sin lastimar a las espinas que almidonan las nubes. Has vuelto a África para descansar bajo un árbol, espérame. Quiero abrazarte y convertirme en gaviota, surcar los cielos y respirar aire fresco, cruzar Machu Picchu. No dejes que el semáforo cambie de color, porque el tráfico comienza en verde. Cuando el tiempo paraliza te puedo ver, si Gautama no fuese educador no recordaría tu nombre, si Jesús no fuese negro mi cabello dejaría de crecer; así los días que faltan serán más limpios porque la guerra ya terminó para mí. A tu lado conocí que los ojos no mienten, a tu lado conocí que la piel no endurece el corazón, y que la vida está para vivir.
Ahora no te ocultes en el Sahara, que tu mirada traviesa me alivia dolores, y mi corazón está fundido al tuyo, gozando porque el sol brilla más de veinticuatro horas. Aliméntame con tus labios, así como la gaviota alimenta a su pichón. Ahora que apareces vestida de rojo, fabricaré melodías con el antiguo reloj de pared, me bañaré en el humo elevado de la tierra y a los desaparecidos les diré que las lágrimas no son igual al sudor, que yo león aplasto al dragón, porque en Zion no existe confusión. Ahora que mis ojos miran al sol, escribiré siete poemas cubiertos de ti, de tu perfume, porque ya sé tu nombre y los misterios de las Rosas. Punto aparte.