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En mi etapa escolar, cuando ya cursaba quinto de secundaria, por algún tipo de intoxicación por el rancho de mediodía, aproveché la oportunidad para exagerar el dolor y lograr que me internen en enfermería para poder librarme de toda la rutina acostumbrada del colegio. Para la noche de aquel día logré mi objetivo y me internaron por una gastroenterocolitis aguda, y guardé reposo por una semana. Me sentía muy orgulloso de mí mismo por haber burlado a los oficiales, aunque con ayuda del médico y la enfermera de turno del colegio, quienes convirtieron mi simple diarrea a un nombre técnico que hasta da flojera volver a escribir. En aquella semana internado, conocí a un compañero el cual llevaba un mes hospitalizado porque se había fracturado una pierna y no podía caminar. Yo había buscado el estar ahí, en cambio él no tuvo opción, fue triste y doloroso según me comentó. Su tiempo se la pasaba leyendo porque su madre le traía cada semana distintos libros para que no se aburra en sus tiempos libres y de ocio, que por estar internado eran casi todo el día.
Al segundo día de estar en enfermería ya me sentía fatigado y aburrido. Y Eduardo, mi compañero al que se le fracturó la pierna, me veía y comprendía mi situación para lo cual me prestó algunos libros para ver si lograba distraerme por unas horas.
El primer libro que me dio me mantiene distraído hasta ahora. Era un libro sencillo, empastado de cartón, el libro se titula Paso de Nadar, Tío; el autor no lo recuerdo, pero por el lenguaje que se usó debió ser escrito en España. El libro que poseía un aproximado de doscientas páginas, lo terminé de leer en una hora. La historia me gustó mucho, era un noviazgo de adolescente, un chico que conoce el amor a su corta edad, cuando creía estar enamorado de una chica hermosa a la que conquistó por sobresalir en competencias de natación. Al llegar a la final del campeonato escolar, y perder en aquella oportunidad, la chica lo abandona por el ganador de la competencia. Tras mucho esfuerzo para demostrar que puede ser el mejor, y así conquistar a su chica; se inscribe en los torneos locales, llegando nuevamente a la final contra el mismo oponente con el que perdió en el campeonato escolar. Todo esto lo hizo solo para impresionar a su musa. Al final logra adjudicarse con la victoria y la chica lo busca, pero él se da cuenta que ella solo lo buscaba en los momentos de gloria. En todo ese tiempo siempre lo acompaño su amiga, en los buenos y malos ratos. Al final se da cuenta que a ella es a quien ama y a quien dedica finalmente su triunfo.
Terminado ese libro, que me gustó tanto, acepté leer todas las obras que Eduardo me prestó, y así pasé toda mi semana internado, leyendo.
Pasaron varios años, acabé el colegio, y caminando por la Feria de Amazonas, el emporio de libros en Lima, busqué por todos los puestos el extraviado Paso de Nadar, Tío. No lo encontré. Me fui a distintas librerías de Miraflores y tampoco encontré el libro. Busqué el libro por todas partes, alguna referencia en Internet o ensayo o cualquier cosa que hubiese, pero no lo logré.
Tan misterioso al final me resultó, que ni siquiera a Eduardo he vuelto a ver en más de cuatro años, y no hallo alguna referencia ni nadie que sepa de aquel recordado libro. Punto aparte.

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