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El callejón de los infieles

Publicado: septiembre 7, 2010 en Personales, Prosa
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Todos los días una pareja nueva. Los amantes de turno, esperando una hora llena de confusión, se citan en el callejón de los infieles, boulevard de parejas abrazadas, bajo el frío canto de la noche, ojeando de vez en cuando, con el temor de ser vistos, pero con la luna contemplando su herejía.
De día nadie transita por el callejón, porque parece un lugar sin salida, una guarida de chacales contaminada con el sudor de los que no descansaron por obtener una caricia más, sellando una nueva temporada de placer oculto, ahora ya nadie murmulla, ya no está la luna, solo un señor regando sus plantas, el responsable de embellecer este lugar con gladiolos y jazmines irreales.
Pídeme la luna y te la bajaré se decían los enamorados, las mujeres ya no creen en las metáforas, son ellas las que toman la iniciativa de romper las cadenas, de burlarse de lo convencional, disfrutando en voz baja, ¿para qué quiero la luna? Que se quede en su lugar, porque si baja se acaba el festejo, porque el placer prohibido debe enterrarse bajo los gladiolos, pero debe fundirse bajo sábanas de terciopelo.
Todos los días un pareja nueva. Otra historia que contar, otro par de infieles que encontraron cobijo en el callejón, cómplices de los demás a quienes no conocen, pero con quienes comparten una conciencia apabullada y sumisa, distrayendo a la razón, siendo niños jugando con armas mortales, apurados y a contrarreloj. ¿Hasta cuándo esta mentira? No existen paralelos en la vida, el camino continúa.
Hoy cumplimos otro mes, celebremos que somos infieles, brindemos por nuestra hipocresía, mi novia nunca se enterará, mi novio está de viaje. Pasemos otra noche juntos, pero caminemos por el callejón de los infieles, no perdamos la costumbre de ocultarnos bajo la sombra, mientras observamos a los demás, otra historia que contar.
Mañana es el cumpleaños de mi hijo y mi esposa quiere que finja, fingiré bien, te presentaré como una compañera de trabajo. ¿Estás loco? Ten decencia, preséntame como tu prima. ¿Estás loca? Es mi hijo. Estamos locos y es el precio de nuestro pecado, no hay culpables fuera de nosotros, ahora no sientas compasión por tu familia, si dices preocuparte, ¿qué haces en este callejón? ¿Por qué los jazmines ya no producen su aroma?
En la mañana las personas cambian, la oscuridad es su cómplice, de día solo está el señor de las flores, regando a los únicos seres fieles de este paisaje, el jazmín no puede polinizar al gladiolo, pero el humano quiebra todas las reglas de la naturaleza, cientos de parejas disfrutan su adulterio, cientos de hogares perdieron su calor mientras la sociedad de destruye, ya nadie pide que le bajen la luna, aunque ella quiera bajar. Punto aparte.