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Lo de Vargas LLosa ha causado una enorme alegría en Perú, muy merecida por supuesto, pero también me gustaría mencionar autores que se han internacionalizado, y que su talento en las letras ha sido reconocido por la crítica mundial. Este post lo dedico a César Vallejo, “el cholo triste”.

El mayor poeta hispanoamericano, es sin dudas, César Vallejo. Hace unas semanas, hubo una conferencia en la universidad, y vino el decano de la facultad de periodismo de la Universidad Externado de Colombia, Miguel Méndez Camacho, quien nos regaló un pequeño libro de antologías con las poesías de Vallejo, titulado Quiero escribir, pero me sale espuma. Fue un orgullo el cómo nuestros hermanos valoran al autor de Los Heraldos Negros, de quien se han presentado innumerables tesis doctorales en universidades de todo el mundo. Incluso el crítico literario Thomas Merton, lo consideró “el más grande poeta universal después de Dante“.

Su poesía es triste, como lector eso se siente en cada palabra. Algunos lo consideran el poeta que representó mejor el dolor humano. Y aún así mantiene una pequeña esperanza, como lo dice su poema Hoy me gusta la vida mucho menos:

 

Hoy me gusta la vida mucho menos,
Pero siempre me gusta vivir: ya lo decía.
Casi toqué la parte de mi todo y me contuve
Con un tiro en la lengua detrás de mi palabra.
Hoy me palpo el mentón en retirada
y en estos momentáneos pantalones yo me digo:
¡Tanta vida y jamás!
¡Tantos años y siempre mis semanas!…
Mis padres enterrados con su piedra
Y su triste estirón que no ha acabado;
de cuerpo entero hermanos, mis hermanos,
Y, en fin, mi ser parado y en chaleco.
Me gusta la vida enormemente
pero, desde luego,
con mi muerte querida y mi café
y viendo los castaños frondosos de París
y diciendo:
Es un ojo éste, aquél; una frente ésta, aquélla… y
[repitiendo:
¡Tanta vida y jamás me falla la tonada!
¡Tantos años y siempre, siempre, siempre!
Dije chaleco, dije
Todo, parte, ansia, dije casi, por no llorar.
Que es verdad que sufrí en aquel hospital que queda
[al lado
y está bien y está mal haber mirado
De abajo para arriba mi organismo.
Me gustará vivir siempre, así fuese de barriga,
porque, como iba diciendo y lo repito,
¡Tanta vida y jamás! ¡Y tantos años,
Y siempre, mucho siempre, siempre siempre!

 

Aplausos para este gran autor peruano, un buen ejemplo profesional a seguir. Punto aparte.

Esta obra refleja la vida militar, algunas reglas que se viven dentro de un cuartel, y las experiencias de un adolescente que tiene que convivir con la vida civil y la castrense. En la sociedad de Vargas Llosa, todo el ambiente estaba contaminado y corrupto, y los grandes problemas eran la delincuencia y el abuso. En ese contexto, él escribe este libro extraordinario desde el punto de vista literario. El escritor peruano crea personajes con distintas personalidades y realidades, cada uno proveniente de una subcultura quienes contra su voluntad, se encuentran “sobreviviendo” en esa jungla de concreto llamada Colegio Militar de Lima.
Mario Vargas Llosa estudió tercero y cuarto de secundaria en un colegio militar, lo que lo nutrió de las rutinas que se viven ahí dentro. Esa cultura castrense la asocia con su imaginación nata, para incluirse en la obra como un personaje; el poeta, quien protagoniza la obra y pasa por situaciones curiosas, enfrentándose a toda la injusticia que observaba a su alrededor. Desde los oficiales, hasta sus propios compañeros, quienes por uso de la fuerza abusan de los más indefensos, como el caso del jaguar, quien domina a toda su cuadra. El poeta, quien se mantiene al margen de esas injusticias, decide enfrentar al jaguar y liderar a sus compañeros (El serrano, el esclavo, etc.) para escapar momentáneamente de ese entorno inhóspito, hostigante para un simple joven de quince años.
El poeta no llega a ser un personaje totalmente bueno ni tampoco es el héroe, porque dentro de esos problemas adolescentes, traiciona a su amigo, y aprovecha la consigna del esclavo, quien no saldría a la calle por al menos un mes, para seducir y conquistar a la chica de quien este se encontraba enamorado.
En una Lima alborotada y desordenada, donde la desigualdad abrió brechas enormes, Vargas Llosa describe los problemas sociales de la década de los setenta característicos en toda América Latina. Lo explica bien cuando expulsan del colegio al serrano, denigrándolo delante de todos sus compañeros. También con la injusta muerte del esclavo, sin acusar al culpable, nuevamente jaguar; y los militares no queriendo investigar por la imagen pública de sus miembros. Otros problemas son la prostitución, las drogas y el robo.
No exactamente eso ocurre en un centro militar, pero basándose en esta historia, MVLL denuncia lo que el país reflejaba, lo que día a día se vivía; así fue construyendo La Ciudad y Los Perros. El título de la obra lo hizo en mención a que, a los cadetes recién ingresados, se les llamaba así, perros; además el colegio al poseer gran tamaño, es considerado una ciudad, donde hay comedores, casinos, enfermería, estadio, auditorio, etc.
Este libro lo publicó cuando tenía veintiséis años, y lo constituyó como un gran novelista. Esta obra es un clásico de la literatura peruana y latina, el autor fue partícipe del llamado boom latinoamericano, una corriente literaria que trataba sobre problemas sociales, denunciándolos a través de la pluma. Al leer este libro, se crean prejuicios sobre la vida en el Colegio Militar Leoncio Prado, donde estudió Vargas Llosa, pero el fin de la obra no es atacar a esta institución, sino crear conciencia sobre los problemas que afectaron a la sociedad peruana en los años setenta y siguientes. Punto aparte.