Posts etiquetados ‘princesa’

De tu indiferencia aprendí a ser más atento.
Por tu terquedad ahora soy más paciente.
Reniega si quieres, pero tú me has enseñado.

Aprendí también de tu ego a ser más sencillo.
Y de tu inmadurez, a ser un poco más prudente.
Laméntate si quieres, pero tú me has enseñado.

Y cada vez que llegabas tarde, una costumbre para mí fue la puntualidad
Te gustaba humillar a la gente, y yo aprendí a respetarlos.
Llora si quieres, pero tú me has enseñado.

Ahora déjame enseñarte todo lo que aprendí de ti.
Será un reconocimiento por tu mal comportamiento.
Reniega, laméntate y llora si quieres, que a amar me has enseñado.

Punto aparte.

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Mágica paciencia

Publicado: septiembre 8, 2010 en Personales, Poemas
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Descuida, descuida, no temas al sonido de tu corazón. Escúchalo, él no miente, cuando se enamora reproduce melodías armoniosas, te hace bailar por nubes que surgieron de una taza de café. Ayer le envié un mensaje secreto, un deseo compartido que busca complicidad del tiempo, pero me aseguré que llegue codificado bajo dos latidos más fuertes, más contundentes y certeros, como eco de campanas, ¿Los sentiste? Lo sé, pero aún no lo entiendes. Para comprender este mensaje, debes romper la barrera que separa a la realidad de los sueños, volar por el cielo, creer que es cierto. No será difícil, solo tienes que volver al principio, tienes que observar a los niños y recordar que el tiempo es eterno, reconocer que el alma no envejece pero crece, ¿Lo entiendes? Por eso no te precipites porque no hay apuros en este camino, no quiero correr, quiero caminar a tu lado,  y dibujar tu sonrisa discreta, y colorear tus momentos de tristeza. Nos sentaremos pacientemente, esperando a que otoño se lleve las incertidumbres por las profundidades del mar, lejos del alcance del tiempo, donde mora el silencio. No te precipites, acompáñame en el camino hacia mis sueños, donde se paraliza el tiempo, y solo se escucha el sonido de nuestros latidos, ahí estaremos bajo un nogal, aprendiendo de los ojos de la luna, de las estrellas, y caeré cautivo ante la hermosa inocencia de tu mirada. Descuida, descuida, aún tenemos mucho tiempo, no te precipites. Punto aparte.

Tu nombre – Arkadi Landeo

Publicado: septiembre 8, 2010 en Personales, Poemas
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Si supieras, princesa, cuánto pronuncio tu nombre en silencio,
Cuánto repito, escribo, pienso y empiezo de nuevo,
No alcanzaría tu cuenta cotidiana,
Es que recito tu nombre como los salmos de la mañana,
Cuando te miro y cuando te ignoro,
Antes del alba, antes de abrir mis ojos,
Antes que tú abras tus ojos dormilones,
Antes de almuerzo y después de almuerzo,
Cuando escribo y cuando leo,
Cuando releo y cuando reescribo,
Hasta cuando saludo y me despido de mamá.

No puedo describir con palabras lo que siento,
Pero qué maravilla para mi vida,
Pronunciar esas cinco letras.
Es como componer una nueva melodía
Mientras bailoteo en tu sonido,
Encerrado en mi cuarto y con el corazón abierto.
Tu nombre leo en el celular,
Con lapicero está firmado en mi cuaderno
Es mi fondo de pantalla, botón y sello.

Tu nombre es creatividad e inspiración pura,
Es el compromiso para salir adelante,
Es la contraseña para activar mis fortalezas.
Cómo resistirme entonces, a seguir mencionándote,
Si cuando pronuncio tu nombre todo me sale bien,
Y cuando no lo hago, hasta el reloj me niega el horario del tiempo.
Por eso, Princesa, regálame tu nombre traducido en besos,
Para tatuarlo eternamente en mi corazón,
Y así, seguir escribiendo tu nombre en prosa, rimas y melodías,
Tu nombre es poesía.

Punto Aparte.

Siguiendo al destino

Publicado: septiembre 7, 2010 en Personales, Poemas
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Ahora comprendo por qué te ocultaste en el pasado, ahora sé que lo mejor fue que no te presentaras delante de mí por esa puerta cotidiana, aunque aún no comprendas al destino, sé que lo hiciste porque te preparabas, al igual que yo, para construir algo único y distinto.

Trato de ser una mejor persona, siguiendo el camino del león, y quiero saber si soy merecedor de tu cariño, saber lo que expresa tu corazón. Ya no hay salida, en este tiempo nuestros corazones se han identificado, fundiéndose más rápido que nuestras palabras, silenciosamente iniciaron una amistad, y ahora están condenados a disfrutarlo.

Ya no luches contra tus sentimientos, no intentes acallar el fuego que te envuelve, date cuenta que estamos hechos por el mismo padre, hagamos su voluntad y no nos separemos. Aquel día quise abrigarte dulcemente, y demostrarte que con ciencia entenderás el significado del amor, y mi nombre escribirás en tu cuaderno, porque tuyo soy desde el principio de la creación.

Sabes que soy una persona diferente, en lo natural formé mi convicción, y tú eres demasiado inteligente, para confundir el mensaje de este negro luchador. No hay excusas en mi templo, lo que digo es lo que soy, conóceme un poco más despacio, y sabrás que no hay ofensas en el viaje hasta Zion.

Princesa, dame la llave que abre tu corazón, que yo también quiero conocer tu alma, la esencia pura a la que Jah dio su bendición. Juntemos nuestras manos eternamente, que juntos podremos salir de babylon, sin apuros sin presiones, cantando y celebrando porque una flor nació, regresando a nuestras raíces seguiremos avanzando, creciendo en armonía con África, madre de la creación.

Punto seguido mi querida princesa, seguiré escribiendo para ti toda la vida.

Princesa, eres como la luna

Publicado: septiembre 7, 2010 en Personales, Prosa
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Todo empezó cuando me saludaste y me regalaste una sonrisa, aquella tarde, aquella mañana. Mi saliva aún tenía sabor a ella, a la confusión y a la pasión. Pero tu voz, me deja trémulo y con una sensación agradable, contento.
Son pocas las palabras que te antecedieron, matemáticamente eres la suma de las virtudes, geográficamente estás al norte de mis pensamientos, tus pocas palabras han sido señales de humo, recogí cada sonrisa tuya, y la redacté en 3000 caracteres.
Tus ojos. Oh tus ojos, son ciencia pura, son luna llena todos los días, son como la mañana de primavera. Tus ojos, me dirigen a Sión. Modificaron mi calendario, y me detuve a contemplarlos. Hermosos ojos, tienes una mirada que me estimula a seguir caminando en mis meditaciones cotidianas, disfrutando el Nyahbinghi.
¿Y ahora qué hago? Si cuando pienso en ti, entiendo a los poetas, recuerdo a África. Me surgen las respuestas cuando recuerdo aquella tarde, aquella mañana, aquella primera sonrisa. ¿Y ahora qué hago? Si mi reflexión debe estar acompañada de ti, ya no puedo digerir mis sueños, estoy dejando la inmadurez de andar callando, ahora prefiero escuchar mucho y hablar sin impedimentos, te describo con tres palabras escuetas, hermosa, amable, prudente.
Desde que llegaste, me gusta estar aquí. Seguiré caminando, espero sigas sonriendo, pequeña princesa. Ten presente esto, prefiero sentarme en el parque de las palomas, y evitar el ruido de noche. Punto aparte.

Teñida de rojo la conocí, mientras caminaba abrazado a mis raíces, emocionado por descubrir un camino distinto, ahí estaba ella. Su mirada coqueta me llamaba y yo correspondía. Nos olvidamos del tiempo, nos olvidamos de formalidades y del mundo. Fui a ella como un león, no quería lastimarla y mis garras la abrazaron suavemente. Bailamos juntos toda la noche, en un salón sin música ni ritmo, esa madrugada de abril me enseñó que solo bastaba permanecer callados, sin habla. Me miraba fijamente, y en ese momento desaparecimos nosotros o desaparecieron ellos, pero ella no dejaba de mirarme. Mi piel la acariciaba, mientras las aves cantaban. El alba nos saludaba, y nuestros corazones se entrelazaban; funcionando por emoción nuestros pies dibujaban constelaciones estelares y la música matutina suavizaba mis latidos. Hermoso silencio, qué lástima que no te quedes, cuando cruces la puerta no habrá más compañía que la gente desaparecida.
Quiero que la lluvia amarilla descienda, quiero que el verde pasto me caliente. ¿Dónde estás princesa de rojo? Te olvidaste de mostrarme el camino, ahora los pedregales forman murallas más altas que el Machu Picchu. Si tan solo el silencio me hablara y me mostrara el camino, no estaría mareado, subiendo y bajando, corriendo para que se me quite la sed, no estaría construyendo agujeros blancos. Ni las matemáticas me sirven. ¿Dónde estás?
Hace tres mil años no había reggae, hace mil quinientos meses Internet no jugaba con mis dedos, tampoco veinte días antes te conocía, pero desde siempre el corazón ha latido y cantado, su comunicación no tiene frecuencia ni historia. Gracias a los colores sé que el frío quema, y los peces ya no nadarán sobre el fuego porque en la naturaleza rugen leones. Mi corazón te canta y te clama, y siento que el tiempo nuevamente desaparece, ahí estás nuevamente bailando sobre las llanuras de Etiopía, descalza sin lastimar a las espinas que almidonan las nubes. Has vuelto a África para descansar bajo un árbol, espérame. Quiero abrazarte y convertirme en gaviota, surcar los cielos y respirar aire fresco, cruzar Machu Picchu. No dejes que el semáforo cambie de color, porque el tráfico comienza en verde. Cuando el tiempo paraliza te puedo ver, si Gautama no fuese educador no recordaría tu nombre, si Jesús no fuese negro mi cabello dejaría de crecer; así los días que faltan serán más limpios porque la guerra ya terminó para mí. A tu lado conocí que los ojos no mienten, a tu lado conocí que la piel no endurece el corazón, y que la vida está para vivir.
Ahora no te ocultes en el Sahara, que tu mirada traviesa me alivia dolores, y mi corazón está fundido al tuyo, gozando porque el sol brilla más de veinticuatro horas. Aliméntame con tus labios, así como la gaviota alimenta a su pichón. Ahora que apareces vestida de rojo, fabricaré melodías con el antiguo reloj de pared, me bañaré en el humo elevado de la tierra y a los desaparecidos les diré que las lágrimas no son igual al sudor, que yo león aplasto al dragón, porque en Zion no existe confusión. Ahora que mis ojos miran al sol, escribiré siete poemas cubiertos de ti, de tu perfume, porque ya sé tu nombre y los misterios de las Rosas. Punto aparte.