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Todo hecho fabuloso parte del juego y la mezcla de lo real con lo ficticio. De eso no cabe duda. Y Miguel Ángel Asturias lo sabe bien. Él, quien a través de sus libros mostraba su ideología comunista, enseñaba además la cultura de un pueblo sincrético. En la pequeña novela Torotumbo a través de una trágica historia, nos da a conocer el estado de caos y corrupción que se vive en su país y en muchos pueblos latinoamericanos, haciendo un reclamo que nace del pueblo profundo, como en su momento lo hizo Ciro Alegría. La historia comienza con la violación de la pequeña Natividad Quintuche, una niña que acompañó a su padre a la tienda de alquiler de disfraces para llevar trajes para la celebración del Torotumbo, la fiesta religiosa más importante de su pueblo que celebran todos los años y que llena los bolsillos al dueño de la tienda de alquiler. La pequeña por descuido de Sabino, su padre y Melchor Natayá, su padrino se queda en el almacén de la tienda de disfraces; ella se asusta al ver a Carne Cruda, un demonio con los ojos verdes, cara amarilla y dientes blancos –todo bien detallado en el libro, además de todo el ambiente- que la asusta y la pone a gritar. Al darse cuenta de este hecho Estanislado Tamagás, el arrendador de disfraces se va a calmar a Natividad pero mostrando su asquerosa intención carnal, la viola sin que nadie pueda hacer nada, quedando la pequeña niña muerta por un enfermo quien en su juventud hacía lo mismo con sus gallinas.
Sabino Quintuche preocupado al no encontrar a su hija vuelve a la tienda de disfraces (que estaba cerrada) y se sienta en la vereda a esperar a que vuelva el dueño para que pueda buscar a su pequeña pensando que quizá se quedó dormida. Una señora le dice que ha salido, pero el viejo violador se encontraba observando y limpiando la escena del crimen. Al encontrar al diablo lo pone delante de la niña y lo esconde al fondo y saltando por la pared vecina, sale campante saludando para llamar la atención y todos sepan que estaba fuera de casa. Entra con los señores campesinos, y ellos buscan a la pequeña Natividad a la que finalmente encuentran muerta con el diablo encima. Al observar esta escena empiezan a vociferar que el diablo ha matado a su pequeña y tras llegar a un acuerdo con el dueño de la tienda de alquiler, deciden no contar nada a la policía y llevarla a su pueblo a enterrarla. Como nada podría detener la fiesta de Torotumbo, llevaron los disfraces de manera gratuita y fueron a su pueblo contando la historia que fue el diablo quien asesinó a la pequeña a la que luego visten de ángel y la pasean por las calles, danzando y celebrando.
Al encontrarse aliviado por el hecho, Estanislado se pone a descansar y en ese momento le sorprende su vecino el Benujón Tizonelli un italiano quien le cuenta que vio toda la escena del crimen. Para no denunciarlo finalmente llegan al acuerdo de que Estanislado por pertenecer al Comité de Defensa contra el Comunismo tendría que mantenerlo informado de las listas que llegan con los nombres de las personas a quienes piensan encarcelar por rojos.
El viejo italiano comunicaba a los familiares para que puedan escapar a tiempo y cuando llegaba la policía no encontraban a nadie.
Cuando nace la complicidad entre uno y otro, la situación se vuelve pesada y ambos secretamente se quieren deshacer de su confidente. Empezando a tratarse como amigos, Estanislado le cuenta que el único disfraz que no se ha alquilado es el de Carne Cruda, y cuando se lo prueban los gorditos el disfraz se encoge, cuando son flacos se ensancha, cuando son bajos crece y cuando son altos se reduce; así que al sentirse en deuda con el diablo se vende a éste y se arrodilla ante él.
Cuando no soporta la presión de su conciencia el alquilador de disfraces va a confesarse donde el sacerdote, quien además es integrante del Comité de Defensa Contra el Comunismo; el religioso espera que la confesión sea de los hechos del soplón quien informa de las listas pero se da con la sorpresa de la violación de la pequeña Natividad Quintuche.
Aprovechando este hecho para no ensuciar el nombre del Comité, el sacerdote maniobra un plan, en el cual limpia de sus culpas al arrendador y hecha toda la culpa al diablo aduciendo que el diablo al ser rojo representa al comunismo y la pequeña es el pueblo que ha sido violado. Así, ambos piensan hacer una reunión de todos los integrantes del Comité de Defensa Contra el Comunismo, el sacerdote, el Presidente de la República, el arrendador y un personaje misterioso, entre otros, en casa de Estanislado donde quemarán al diablo que violó a la pequeña.
Todo esto es confiado al italiano, amigo del dueño de la tienda de disfraces, quien maquina una única oportunidad para reunir a todos, entonces con brebajes de naranja y somníferos duerme al arrendador y coloca dinamitas en la cabeza del disfraz del diablo, y pólvora por toda la casa. Sin revelar nada a su cómplice le recomienda que hasta el día de la reunión no se acerque al diablo y obedientemente este accede.
Torotumbo ha llegado a la capital y las calles están repletas de gente disfrazada, danzando en comparsas con orquestas, globos y colores sin fin. Mientras tanto en casa de Tizonelli llegan unos enmascarados quienes lo raptan y se lo llevan en una camioneta fuera de la ciudad. Cuando lo tienen fuera de peligro se presentan como los familiares agradecidos por todo el apoyo que les ha brindado para no ser capturados por la policía que los buscaba por rojos. Éstos le piden saber donde se van a reunir los del Comité de Defensa Contra el Comunismo, para capturarlos e irónicamente el italiano les dice que los capturarán por partes, y les cuenta que dentro de poco todos volarán por la dinamita en la cabeza del diablo. Todos ellos ofuscados van en rescate de sus perseguidores porque los prefieren vivos que muertos para evitar una guerra popular. Torotumbo en su día central se encuentra jubiloso por toda la ciudad y el embotellamiento no deja avanzar a ningún vehículo porque todas las calles se encuentran llenas de gente que quiere ver las comparsas.
Finalmente cuando por fin están por llegar a casa del arrendador, la dinamita explota y el italiano logra su cometido, sin embargo nadie da interés, y al mirar quienes eran los fallecidos la gente pensaba que eran personajes disfrazados de sacerdotes, jueces, del presidente de la república, etc.
Así pasó la fiesta de torotumbo, así Asturias nos muestra el caos y la iniquidad de los poderosos en pueblos pequeños. Así denuncia los abusos y la corrupción. Así nos regala una gran historia, conmovedora y reflexiva. Punto aparte.
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